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sábado, 13 de febrero de 2010

Desde el más allá


Pedro Granados, Desde el más allá (Lima: ediciones corza frágil, 2002)
ISBN: 9972-9462-0-7

I
La lluvia toda la noche ha tocado nuestra ventana
y nuestra puerta.
Hemos estado literalmente desnudos
bajo la lluvia.
Sin ideas. Sin proyectos. Sin reales
preocupaciones.
Como si fuéramos un pedazo de cemento, nada más,
debajo de la lluvia. Un ojo de piedra
que asoma entre el cemento.
La lluvia toda la noche nos ha velado
y como en un sueño oriental nos ha dicho:
Huyamos. Pero no sabemos dónde.


DOMINICANÍSIMOS

UNO
El sudor
le gana al poema.
La alcantarilla
a mi voz.
Una irregularidad, apenas.
Un terrón de azúcar desconcertado
ante tantísimo eco.
Así el niño que vende,
y la muchacha que compro
ni con palabras
ni con besos.
Poesía de cara a la desconcertante
habilidad de unas serranas
de uñas multicolores
y engominados labios.
El sudor
puede más que la sed.
Porque aquél es secreto y el anhelo
sólo puede mover montañas.
Poco a poco
corto trocitos
que añado a mi licuadora.
A la noche de Santo Domingo
es preciso palanquearla con un fierro
antes de asirla y cortarla bien.
Noche densa y aceitosa que resbala
--como por un embudo--
hacia las nalgas de mi ocasional muchacha.
Muchísimo más negras que su propia cara.

DOS

Una muchacha negra
va uniendo los cabos
de lo desconocido.
En veinte uñas
--y conectado a ella—
yo más bien soy su instrumento.
Una bocina por donde escapa
un nudo de ruidos
monocordes y muy antiguos.

El fuego que no es el sol


Pedro Granados, El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los lunes, 1993)

Pedro Granados es un hombre solo a quien la ternura y el amor por el Perú han inmunizado de las pedanterías del posmodernismo. Esto porque, a pesar de ser un autsider, el poeta y su poesía, lo repito, nos cuenta de inmensas ternuras, del amor pleno y evidente a sus hermanos, a este país de soledades, de amargas maravillas y, por lo tanto, de inevitables compromisos. El fuego que no es el sol es un libro de poemas para leerlo en voz alta y en voz baja. Esa es otra de sus virtudes. El hombre solo que lo escribió nunca estuvo solo, finalmente. Con este ejemplo, el posmodernismo puede irse de paseo, preocupadísimo y muy bien pagado.
Luis La Hoz


[Cada vez me parezco más a mi hermano Germán]
Cada vez me parezco más a mi hermano Germán.
Huaco mochica, cabeza jíbara, ojos de lagarto.
Cierta timidez esencial nos iguala,
cierta desenfocada imagen que se lleva el viento.
El transita ahora por la economía informal
y siempre fue el más indio de la familia;
yo estoy ligado a una gran institución extranjera
y siempre fui como el marqués de la familia.
Nos unen muchos rasgos comunes,
sobre todo en el abatimiento:
una suerte de aprehensión en el rostro,
cierta manera de lucir los dientes --los suyos postizos--
como pato dentado
(un palmípedo volador
que comía ostras).
Así es mi hermano,
así soy yo,
bueno con los dientes
para encontrar la última carnecita --la escondida--
en ese rincón de sobrevivientes
que es el Perú.
De su bondad --de la de mi hermano--
mejor no hablo.
Aunque se parece a la del anticucho,
puro corazón atravesado.

[Empezar a acariciar la página]
Empezar a acariciar la página
y empezar a merecerlo todo.
El tiempo como un gato manso
y cariñoso,
esta lluvia --que es el amor-- casi impalpable
y tan real,
un recuerdo agradable
del Perú,
una maquisapa --que fue un gran amor--
enroscada nuevamente a estas palabras,
a esta mano de venas protuberantes
y esquivas.
Empezar a acariciar la página,
poner hacia el lodo las piedras filudas,
hacia la tierra blanda.
Empezar, en fin, a cederle a la página
lo que ni siquiera ya soñamos
ni tampoco esperamos.
Es ella la que espera,
es ella la que sueña.

VIA EXPRESA


(Foto: María Cecilia Piazza)
Pedro Granados, Vía expresa (Lima: instituto nacional de cultura, 1986)

La poesía de Pedro Granados registra pequeños sucesos cotidianos porque en ellos percibe lo memorable: lo esencial contenido en lo particular y contingente. Granados observa en su ciudad, en sus calles, mínimos ángulos de la realidad que se mantienen invisibles a los ojos de los demás. Sus poemas son el relato de visiones rutinarias salvadas de tal condición por la intención poética de descubrir lo extraordinario en lo ordinario, como si la poesía tuviera por función liberarnos de la percepción maquinal, encubridora que diariamente padecemos. (Los editores)


[Si alzando las manos]
Si alzando las manos,
formando una garra,
pudiera desgarrar
mi cielo más próximo…
Quizá esa sea la destreza
del hombre del futuro.
Comerse su propio cielo.


A mis padres, i.m.

Quizá deba ser padre de muchos
y abuelo de una infinitud
para entender algo de la vida.
Juego solar de sombras
y emblemas de la luna:
fases terribles y necesarias.
Cuarto creciente,
cuarto menguante,
cuarto lleno
y vacío también.

jueves, 11 de febrero de 2010

Sin motivo aparente


Pedro Granados, Sin motivo aparente (Lima: Cuadernos del Hipocampo, 1978) [Colección dirigida por el desaparecido Luis Fernando Vidal]

JUEGO DE MANOS


Pedro Granados, Juego de manos (Lima: Ediciones Los Reyes Rojos, 1984)


Afán previo de desciframiento de la poesía,
(agua furiosa), mar que engendra
y es pasión y destino.
Pedro José Granados los asume.
Invoca, monologa, sale de sí mismo,
vuelve a sí mismo.
Es una conciencia y es un canto
que inicia en sus volutas
el esclarecimiento de su propia
identidad.
Póngase el oído sobre estas páginas:
el mar bulle en ellas
y ellas
tratan de ganarle bellamente
la fresca
dispersión de sus avances,
la cálida luz de su memoria.
El afrodisíaco mar,
la fecunda oscuridad del mito,
Granados los percibe, los vive,
los enciende,
casi sin designio, (cómo se insinúa
el amor
),
de natural erotismo

Javier Sologuren
Lima, XI/ 1984


A Tilsa Tsuchiya

No hay color que no palpite
y no nos abra a la vida,
no hay rosa, no hay oficio conocido
o desconocido
que no nos diga de detrás, de siempre,
que no nos llame discretamente
en las sienes.

Hay rosas, hay sensaciones extrañas
como un collar radiante,
como un abrigo tibio,
como una precipitada cascada
que persigue a los peces más jóvenes
para acariciarlos.

No hay extremo, no hay orden
ni desorden ni aventura
ni recuerdos,
todo es un solo oficio,
todo es un solo puente,
todo es un solo brillo de sol en el agua,
en la lengua, en los dientes.

No hay partida, no hay retorno,
no hay lejanía.

Sólo una hermosa col
con sus hojas frescas y calladas.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El muro de las memorias


Pedro Granados, El muro de las memorias (Ithaca, N.Y.: Latin American Books, 1989) ISBN 0-9622876-0-1

"Si el muro es un laberinto y la memoria un espejo, en El muro de las memorias el poeta ya no confirma los signos de la identidad sino la dispersión y el azar de los trayectos. En el exilio, el presente se ha vuelto fantasmático: sólo las palabras sostienen ahora las reafirmaciones del sujeto. Poesía, así, del transcurrir y el discurrir entre la tierra firme del hogar perdido, la tierra incógnita de los viajes reflexivos, y la página de la escritura en el espacio abierto. Poesía vivida, fugaz y tentativa, su calidad sensitiva es patente. Vulnerable, el poeta ve el mundo como un espectáculo provisorio pero fatal; y el poema se le impone como una señal incisiva, una herida abierta en el discurso. Entre el drama de lo inmediato y la ironía de su recuento, Pedro Granados deja en este libro (como Tàpies en la grisura errática del mundo) los signos de su habla grabada a pulso, esto es, con zozobra y verdad. Esa identidad emocional lo reconduce más allá del muro y la memoria, a la comunicación capaz de humanizar la piedra y el lodo del exilio"
Julio Ortega


Para Charo

No fue un amor a primera vista. Digamos que él era una piedra intrusa sobre el asfalto nuevo. Podía ser arremetida por algún neumático; podía ser recogida por cualquier prudente, o rechazada por un odiador de piedras. Lo cierto es que él tenía el brillo de las piedras, ese brillo.

Ella es bella, y en ese tiempo lo era más todavía; pero no fue un amor a primera vista. Digamos que ella era tierna y olorosa como el lodo, empleando una imagen cercana. Y esto es lo paradójico de toda la historia, ¿qué pasa cuando la piedra y el lodo se encuentran? Literalmente, él se adosó y se sumergió, y ella lo tragó y lo fue tragando como sólo ella podía hacerlo.

¿Qué sucedió después? o ¿qué ocurre ahora? No lo sé. Sólo escucho el estrépito de los autos, sólo siento el vibrar de esta masa resinosa debajo de mí, y percibo las voces, algunas fugaces voces. Estoy ciego, con una costra dura que me cubre todo el cuerpo, y casi sin poder respirar.

El corazón y la escritura


Pedro Granados, El corazón y la escritura (Lima: Fondo editorial BCRP, 1996)

"Lengua de animal puro con que habla mientras la palabra es una bala certera al corazón" Pablo Macera

[Un muro de cerca]

Un muro de cerca. Porosidad.
Textura. Muchedumbre. Avidez.
Lejos de mis muros, ahora.
Lejos de mi sexualidad de niño
y de adolescente. La delicadeza.
Lejos del consuelo profundo de
cierta promiscuidad con los muros.
Florecidos sentimientos de amor hacia mi madre.
Muros. Juegos con los muros.
Entre los muros.
La historia universal resuelta sobre un muro.
Sin libros.
La turbia locuacidad
de las paredes desnudísimas de mi
infancia. El incomprensible cariño
de los ecos mudos. Los antiecos.
Lucho no sale a jugar, está haciendo
sus tareas. Frente a la casa de Angélica
ni preguntar. Y yo jugando vanamente
con una pelota de jebe
contra los muros. Botes.
Todas las cosas lejanas y cercanas.
Todas las cosas entreveradas
simultáneamente.
Arena. Espinas. Altorrelieves.
Todas las cosas imantadas allí.
Caras. Olores. Nubes.
Todas las cosas delicadas allí.
Tiernamente adheridas. Labios.

martes, 9 de febrero de 2010

Soledad impura



Pedro Granados, Soledad impura (Lima: Edición del autor, 2009)
ISBN: 978-9972-33-987-5

Algunos comentarios:

Paradójica y sabia poesía la de Pedro Granados. Desbordante de energía afirmativa en su dicción sobria, coloquial y filosa como el cuchillo de un carnicero taoísta. Ella sirve de refugio a un furioso, temible y tierno animal -ávido de eternidad en tránsito-, que olfatea y palpa el cuerpo erógeno donde confluyen la temible desnudez de la mujer, el neón seductor de la noche y la retracción desafiante de la página en blanco. Voz del desierto en la ciudad y el hueso. Palabra de una soledad y de un exilio que al decirse, crean el espacio de un posible encuentro. Poesía del acoso y de la pérdida, del apetito de altura y del fluir del mar.... La escritura de Granados intenta crear un "nosotros" en el peregrinar iniciático y en el desasimiento. Con desengañada dureza en ciertos versos cortantes, el sujeto nómada nos permite asomarnos a una geografía poética personalizada, que extrañamente logra transmitirnos un hechizo: las aproximaciones inverosímiles, los amorosos abrazos disyuntivos y el doloroso arte de vivir cayendo... Con Granados la poesía toca, ataca, explora la textura hiriente de las cosas, y descubre -como un Ulises que no llega nunca a Itaca porque el único asentamiento es el viaje-, que una posible y frágil salvación tan sólo nos aguarda en el goce fluyente del poema encarnado.
Armando Almánzar-Botello (República Dominicana)


Hay cierto minimalismo formal en la poesía de Pedro Granados, cuyo trabajo he venido a conocer sólo recientemente. Ello, sin embargo, no equivale a una reducción de la capacidad expresiva ni de la complejidad de su visión. Al contrario: el verso corto, la pausa constante ponen un énfasis particular en cada una de sus ideas. Estas parecen desenredarse progresivamente, como si buscaran ir más allá de lo dicho anteriormente.
He encontrado, también, algo ausente en mucha de la poesía reciente: un arriesgarse por el sentido, un sentido que no se esconde detrás de metáforas vagas. Me ha agradado en particular el tratamiento de las historias familiares, el peso simbólico o real del Perú y su pasado, y las reflexiones sobre la escritura poética, un tema presente en la mayoría de los poemas.
Alfredo Alonso Estenoz (Cuba)


Soledad impura es la ola de la tormenta perfecta que está por tumbarnos en su aparente quietud, pero que contrariamente nos mantiene maniatados en la zozobra: la de nuestra memoria, la de nuestra experiencia amorosa y la de nuestra vagancia trascendental por el mundo.
Juan Carlos Ramiro Quiroga, "Soledad impura entre pulp fiction y la gripe A" (fragmento) (Bolivia)


La voz poética es consciente de que la vida es una narración, es consciente de esa tensión entre muerte y lenguaje, entre vida y lenguaje. La vida es escritura y lectura, es un libro.
Jessica Freudenthal, “Pedro Granados, Apántropo” (fragmento)(Bolivia)

Puntualidad de lo cotidiano y abrigo de lo siempre presente, la poética de Pedro Granados es como una doble conjunción de espacio y tiempo. En ella, el mundo se despliega como un mapa de las emociones, pero, a la vez, como el esfuerzo por la conquista del lenguaje "otro". Geografía de la pasión e inserción de ésta en la geografía material de los objetos que de alguna manera nos pueblan.
Gustavo Ruiz Pascacio (México)

Pedro Granados, nacido en Lima en 1955, es uno de los poetas más prolíficos y cosmopolitas de su generación. Desde que publicara en 1978 su primer poemario, Sin motivo aparente, no ha dejado de producir guiado por una ética de la justicia y una vocación innata por explorar las entrañas de la palabra. Soledad impura es su más reciente aventura literaria y el décimo libro de poesía que publica. Se trata, una vez más, de constatar la realidad mediante la inasible palabra. Nombrar las cosas y el acontecer es aquí otorgarles unas alas que llevan más allá de lo tangible.
Julio Heredia (Perú)

Dividido en cuatro partes, el libro transita el encuentro inevitable con la muerte –principio y fin del ser-, la presencia del amor como constatación de la vida, el viaje hacia uno mismo y hacia el mundo, así como el regreso a la poesía como único hogar del poeta, como auténtica patria de la que nunca se fue. Y, además de la que nunca podrá irse.
No hay nada político en lo que dice, pero todo es político. Como los herméticos italianos se vale de la poesía para denunciar, pero se asienta más allá de lo panfletario, en la esencia de la poesía.
Juan Carlos de la Fuente Umetsu (Perú)

"Se escribe el poema para encontrar el alma y no a la inversa"
He leido Soledad impura para encontrarme sin buscarme, hermano. Entré en él como se entra a la vida, al agua y al amor (desnudo). Seguiré nadando en él, adentro para, a través de él y no con él, mirar el día en toda su cromática. Es la soledad impura más pura que conozco, quizás porque no pretende serlo química, matemáticamente ni todo lo contrario. Es el poema nadando a pecho suelto en lo profundo del charco, a todo pulmón. Gracias por tan valioso obsequio, que desde ya es uno de mis compañeros de viaje.
René Rodriguez Soriano (República Dominicana)