domingo, 14 de febrero de 2010

Breve teatro para leer: poesía dominicana (1980-2010)


Pedro Granados, Breve teatro para leer: poesía dominicana (1980-2010) (Lima: Autor-Editor, 2010) ISBN: 978-612-00-0195-0

La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del Caribe”, frase de Alexis Gómez-Rosa (1950), nos dio pie y sirvió de marco para, en un trabajo anterior, reflexionar sobre la obra de algunos de los poetas dominicanos de las últimas promociones. Nos referimos a la antología “Poesía dominicana en tiempo real: el que fuera secreto mejor guardado del caribe” [http://blog.pucp.edu.pe/item/57890] de la que, el presente ensayo, es su revisión íntegra y puesta al día. De modo muy significativo, respecto precisamente a este último autor, en el espectro de las poéticas que en este mismo comienzo de milenio, a manera de hojaldres, se yuxtaponen y conviven en la República Dominicana (“poesía del pensar”, del espectáculo, del autismo, del neo-testimonio o del performance), quizá lo más apropiado en su caso sería hacerle corresponder la del espectáculo; aquella capacidad, tan suya y que será heredada sobre todo por los poetas del 90, de apropiarse de todo y de experimentar exitosamente con todo ello (haiku, “británico modo”, poesía concreta, palimpsesto, etc.) que le perdonamos, y no menos nos encandilamos, incluso a expensas de saber que sus versos son los atributos de un consumado actor. Por lo tanto, vamos entendiendo que el título actual (Breve teatro para leer: poesía dominicana, 1980-2010) le agradece de nuevo a Gómez-Rosa, aunque esta vez más elíptica, su activa participación. Teatro, aclarémoslo, en cuanto la literatura tiene no sólo de impostación o simulacro; sino además, y obviamente, de dialéctica social o debate estético-ideológico.

sábado, 13 de febrero de 2010

Desde el más allá


Pedro Granados, Desde el más allá (Lima: ediciones corza frágil, 2002)
ISBN: 9972-9462-0-7

I
La lluvia toda la noche ha tocado nuestra ventana
y nuestra puerta.
Hemos estado literalmente desnudos
bajo la lluvia.
Sin ideas. Sin proyectos. Sin reales
preocupaciones.
Como si fuéramos un pedazo de cemento, nada más,
debajo de la lluvia. Un ojo de piedra
que asoma entre el cemento.
La lluvia toda la noche nos ha velado
y como en un sueño oriental nos ha dicho:
Huyamos. Pero no sabemos dónde.


DOMINICANÍSIMOS

UNO
El sudor
le gana al poema.
La alcantarilla
a mi voz.
Una irregularidad, apenas.
Un terrón de azúcar desconcertado
ante tantísimo eco.
Así el niño que vende,
y la muchacha que compro
ni con palabras
ni con besos.
Poesía de cara a la desconcertante
habilidad de unas serranas
de uñas multicolores
y engominados labios.
El sudor
puede más que la sed.
Porque aquél es secreto y el anhelo
sólo puede mover montañas.
Poco a poco
corto trocitos
que añado a mi licuadora.
A la noche de Santo Domingo
es preciso palanquearla con un fierro
antes de asirla y cortarla bien.
Noche densa y aceitosa que resbala
--como por un embudo--
hacia las nalgas de mi ocasional muchacha.
Muchísimo más negras que su propia cara.

DOS

Una muchacha negra
va uniendo los cabos
de lo desconocido.
En veinte uñas
--y conectado a ella—
yo más bien soy su instrumento.
Una bocina por donde escapa
un nudo de ruidos
monocordes y muy antiguos.

El fuego que no es el sol


Pedro Granados, El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los lunes, 1993)

Pedro Granados es un hombre solo a quien la ternura y el amor por el Perú han inmunizado de las pedanterías del posmodernismo. Esto porque, a pesar de ser un autsider, el poeta y su poesía, lo repito, nos cuenta de inmensas ternuras, del amor pleno y evidente a sus hermanos, a este país de soledades, de amargas maravillas y, por lo tanto, de inevitables compromisos. El fuego que no es el sol es un libro de poemas para leerlo en voz alta y en voz baja. Esa es otra de sus virtudes. El hombre solo que lo escribió nunca estuvo solo, finalmente. Con este ejemplo, el posmodernismo puede irse de paseo, preocupadísimo y muy bien pagado.
Luis La Hoz


[Cada vez me parezco más a mi hermano Germán]
Cada vez me parezco más a mi hermano Germán.
Huaco mochica, cabeza jíbara, ojos de lagarto.
Cierta timidez esencial nos iguala,
cierta desenfocada imagen que se lleva el viento.
El transita ahora por la economía informal
y siempre fue el más indio de la familia;
yo estoy ligado a una gran institución extranjera
y siempre fui como el marqués de la familia.
Nos unen muchos rasgos comunes,
sobre todo en el abatimiento:
una suerte de aprehensión en el rostro,
cierta manera de lucir los dientes --los suyos postizos--
como pato dentado
(un palmípedo volador
que comía ostras).
Así es mi hermano,
así soy yo,
bueno con los dientes
para encontrar la última carnecita --la escondida--
en ese rincón de sobrevivientes
que es el Perú.
De su bondad --de la de mi hermano--
mejor no hablo.
Aunque se parece a la del anticucho,
puro corazón atravesado.

[Empezar a acariciar la página]
Empezar a acariciar la página
y empezar a merecerlo todo.
El tiempo como un gato manso
y cariñoso,
esta lluvia --que es el amor-- casi impalpable
y tan real,
un recuerdo agradable
del Perú,
una maquisapa --que fue un gran amor--
enroscada nuevamente a estas palabras,
a esta mano de venas protuberantes
y esquivas.
Empezar a acariciar la página,
poner hacia el lodo las piedras filudas,
hacia la tierra blanda.
Empezar, en fin, a cederle a la página
lo que ni siquiera ya soñamos
ni tampoco esperamos.
Es ella la que espera,
es ella la que sueña.

VIA EXPRESA


(Foto: María Cecilia Piazza)
Pedro Granados, Vía expresa (Lima: instituto nacional de cultura, 1986)

La poesía de Pedro Granados registra pequeños sucesos cotidianos porque en ellos percibe lo memorable: lo esencial contenido en lo particular y contingente. Granados observa en su ciudad, en sus calles, mínimos ángulos de la realidad que se mantienen invisibles a los ojos de los demás. Sus poemas son el relato de visiones rutinarias salvadas de tal condición por la intención poética de descubrir lo extraordinario en lo ordinario, como si la poesía tuviera por función liberarnos de la percepción maquinal, encubridora que diariamente padecemos. (Los editores)


[Si alzando las manos]
Si alzando las manos,
formando una garra,
pudiera desgarrar
mi cielo más próximo…
Quizá esa sea la destreza
del hombre del futuro.
Comerse su propio cielo.


A mis padres, i.m.

Quizá deba ser padre de muchos
y abuelo de una infinitud
para entender algo de la vida.
Juego solar de sombras
y emblemas de la luna:
fases terribles y necesarias.
Cuarto creciente,
cuarto menguante,
cuarto lleno
y vacío también.

jueves, 11 de febrero de 2010

Sin motivo aparente


Pedro Granados, Sin motivo aparente (Lima: Cuadernos del Hipocampo, 1978) [Colección dirigida por el desaparecido Luis Fernando Vidal]

JUEGO DE MANOS


Pedro Granados, Juego de manos (Lima: Ediciones Los Reyes Rojos, 1984)


Afán previo de desciframiento de la poesía,
(agua furiosa), mar que engendra
y es pasión y destino.
Pedro José Granados los asume.
Invoca, monologa, sale de sí mismo,
vuelve a sí mismo.
Es una conciencia y es un canto
que inicia en sus volutas
el esclarecimiento de su propia
identidad.
Póngase el oído sobre estas páginas:
el mar bulle en ellas
y ellas
tratan de ganarle bellamente
la fresca
dispersión de sus avances,
la cálida luz de su memoria.
El afrodisíaco mar,
la fecunda oscuridad del mito,
Granados los percibe, los vive,
los enciende,
casi sin designio, (cómo se insinúa
el amor
),
de natural erotismo

Javier Sologuren
Lima, XI/ 1984


A Tilsa Tsuchiya

No hay color que no palpite
y no nos abra a la vida,
no hay rosa, no hay oficio conocido
o desconocido
que no nos diga de detrás, de siempre,
que no nos llame discretamente
en las sienes.

Hay rosas, hay sensaciones extrañas
como un collar radiante,
como un abrigo tibio,
como una precipitada cascada
que persigue a los peces más jóvenes
para acariciarlos.

No hay extremo, no hay orden
ni desorden ni aventura
ni recuerdos,
todo es un solo oficio,
todo es un solo puente,
todo es un solo brillo de sol en el agua,
en la lengua, en los dientes.

No hay partida, no hay retorno,
no hay lejanía.

Sólo una hermosa col
con sus hojas frescas y calladas.

Hitos de una Vida Continua: La poesía de Javier Sologuren


Pedro Granados, Hitos de una Vida Continua: La poesía de Javier Sologuren (Lima: Autor-Editor, 2010) ISBN: 978-612-00-0196-7

Leíamos a Javier Sologuren desde el colegio; la sensación que siempre se nos quedó a través de sus versos fue la de discreta intimidad, levedad y sutileza. Ya en los años universitarios nos llamó la atención la rigurosa arquitectura de sus poemas, su encauzado caudal, que, según hemos averiguado con el poeta, no obedecen a un trazado previo sino a la irrupción instantánea de un sueño resoñado, de un texto gestado largamente en lo oculto. Del mismo modo nos cautivaban su poderosa visualidad. De alguna manera, arquitectura y visualidad iban juntas refinándose, apuntando hacia una totalidad, desechando excesivas apoyaturas (sonoridad, signos de puntuación, figuras retóricas). Nos propusimos entonces algo que ahora daremos a luz, intentar dar cuenta de la coherencia y armonía de esa fanopea , de los pilares que sostenían dicha arquitectura.


ÍNDICE

PRESENTACIÓN p.5

.Primera parte

ESTANCIAS, SÍNTESIS DE IMÁGENES ÁREAS EN LA POESÍA DE JAVIER SOLOGUREN, 1944 – 1960.

Introducción

Capítulo I: Marco teórico 10
1.1 Concepto de imagen aérea. Definición de flujograma y de diagrama.
1.2 Criterios de elección del corpus
1.3 Observaciones a otros estudios de la poesía de Javier Sologuren

Capítulo II: De El Morador A Estancias p.19
2.1 Repertorio de imágenes aéreas
2.1.1. El Morador (1944)
2.1.2 Detenimientos (1945—1947)
2.1.3 Diario de Perseo (1946—1948)
2.1.4 Dédalo Dormido (1949)
2.1.5 Vida continua (1948 – 1950)
2.1.6 Regalo de lo Profundo (1950)
2.1.7 Otoño, endechas (1951- 1956)
2.2 Flujogramas de los elementos que se derivan de cada una de las imágenes del repertorio.
2.3 Flujograma general parcial

Capítulo III: Estancias (1959) p.57
3.1 Estructura y Lenguaje
3.2 Análisis a partir del flujograma general parcial
3.2.1 Estancia 1
3.2.2 Estancia 2
3.2.3 Estancia 3
3.2.4 Estancia 4
3.2.5 Estancia 5
3.2.6 Estancia 6
3.2.7 Estancia 7
3.2.8 Estancia 8
3.2.9 Estancia 9
3.2.10 Estancia 10
3.2.11 Estancia 11
3.2.12 Estancia 12
3.2.13 Estancia 13
3.2.14 Estancia 14
3.2.15 Estancia 15
3.2.16 Estancia 16
3.2.17 Estancia 17
3.2.18 Estancia 18
3.2.19 Estancia 19
3.2.20 Estancia 20
3.2.21 Estancia 21
3.2.22 Estancia 22

3.3 Diagrama general final

Conclusiones p.99

Bibliografía

.Segunda parte

HITOS DEL EROTISMO EN LA POESÍA DE JAVIER SOLOGUREN, 1961-1985. p.106

EPÍLOGO p.117

LIBRO PDF



miércoles, 10 de febrero de 2010

Un chin de amor


Pedro Granados, Un chin de amor (Lima: Editorial San Marcos, 2005) [Incluye Prepucio carmesí (New Jersey: ENE, 2000)]
ISBN: 9972-34-252-2

Puerto Príncipe, 17 de agosto de 2001


Querido hermano Germán:

Desde el lunes 13 estoy en la capital de Haití, Puerto Príncipe, que es como un Tacora sin límites, salvo en los cerros donde mora la gente rica. Todos son negros aquí, y todo es también de este mismo color en la noche porque en las calles no hay luz. Sin embargo, una vez superado el miedo ante tanta oscuridad —la de la gente y la de la ciudad— te das cuenta de que son personas incluso las que viajan amontonadas como papas o gallinas yendo o saliendo del mercado de pulgas que es —hasta la puesta del sol— toda esta agitadísima capital. No te imaginas lo difícil que es hacer cualquier cosa en Haití. Hay muy pocos restaurantes, y los más lujosos parecen pollerías poco concurridas del distrito de La Victoria. No hay taxis. Pero lo peor es que no existe ni recojo de basura ni alcantarillado; la gente camina literalmente sobre la mierda. En fin, todos parecen choros, pero no te roban. En Haiti estoy acompañado de una haitiana bonita que responde al nombre de Elimane. Nos conocimos en la República Dominicana, aunque nos enamoramos en un pasadizo que podría corresponder a cualquiera de un país subdesarrollado. Salvo por un enorme árbol de mango que daba deliciosos frutos y aun más sabrosa sombra. De tanto entrecruzarnos en este pasadizo nos enamoramos. Para solaz nuestro y desagrado de sus padres militantes del fundamentalismo moreno. No te describo a Elimane por tu corazón, ya que me cuentan que lo tienes últimamente un poco delicado. Pero te digo nomás que si a ese culo lo pones a rodar por Lima te aseguro que toda la paisanada se me ataranta, se me atraganta y se me ahoga.

Nada más por ahora mi hermano querido. Pronto regreso a trabajar a Boston.

Juvenal.

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Juvenal Agüero aspiraba parsimoniosamente el perfume de su mujer. Lo interrumpía, encandilándolo más aún, el resplandor que emergía de aquel mar tan moreno.

—¡Qué bonita es la vida, por la crica de la madre!, decía para sus adentros

Recordaba que no esperó a que Isabel se deshiciera de su bien entallado sastre pantalón. Lino azul claro que le ceñia el toto como si éste fuera un bien estudiado mohín, la osada travesura de unos labios ávidos y carnosos. Allí mismo, en el taxi que los conducía al hotel del peruano, palpó concienzudamente ese lino y —en silencio y con todo detalle— le dijo a los ojos muy abiertos de la morena lo que les esperaba a ambos en toda aquella vasta noche.

El muro de las memorias


Pedro Granados, El muro de las memorias (Ithaca, N.Y.: Latin American Books, 1989) ISBN 0-9622876-0-1

"Si el muro es un laberinto y la memoria un espejo, en El muro de las memorias el poeta ya no confirma los signos de la identidad sino la dispersión y el azar de los trayectos. En el exilio, el presente se ha vuelto fantasmático: sólo las palabras sostienen ahora las reafirmaciones del sujeto. Poesía, así, del transcurrir y el discurrir entre la tierra firme del hogar perdido, la tierra incógnita de los viajes reflexivos, y la página de la escritura en el espacio abierto. Poesía vivida, fugaz y tentativa, su calidad sensitiva es patente. Vulnerable, el poeta ve el mundo como un espectáculo provisorio pero fatal; y el poema se le impone como una señal incisiva, una herida abierta en el discurso. Entre el drama de lo inmediato y la ironía de su recuento, Pedro Granados deja en este libro (como Tàpies en la grisura errática del mundo) los signos de su habla grabada a pulso, esto es, con zozobra y verdad. Esa identidad emocional lo reconduce más allá del muro y la memoria, a la comunicación capaz de humanizar la piedra y el lodo del exilio"
Julio Ortega


Para Charo

No fue un amor a primera vista. Digamos que él era una piedra intrusa sobre el asfalto nuevo. Podía ser arremetida por algún neumático; podía ser recogida por cualquier prudente, o rechazada por un odiador de piedras. Lo cierto es que él tenía el brillo de las piedras, ese brillo.

Ella es bella, y en ese tiempo lo era más todavía; pero no fue un amor a primera vista. Digamos que ella era tierna y olorosa como el lodo, empleando una imagen cercana. Y esto es lo paradójico de toda la historia, ¿qué pasa cuando la piedra y el lodo se encuentran? Literalmente, él se adosó y se sumergió, y ella lo tragó y lo fue tragando como sólo ella podía hacerlo.

¿Qué sucedió después? o ¿qué ocurre ahora? No lo sé. Sólo escucho el estrépito de los autos, sólo siento el vibrar de esta masa resinosa debajo de mí, y percibo las voces, algunas fugaces voces. Estoy ciego, con una costra dura que me cubre todo el cuerpo, y casi sin poder respirar.

El corazón y la escritura


Pedro Granados, El corazón y la escritura (Lima: Fondo editorial BCRP, 1996)

"Lengua de animal puro con que habla mientras la palabra es una bala certera al corazón" Pablo Macera

[Un muro de cerca]

Un muro de cerca. Porosidad.
Textura. Muchedumbre. Avidez.
Lejos de mis muros, ahora.
Lejos de mi sexualidad de niño
y de adolescente. La delicadeza.
Lejos del consuelo profundo de
cierta promiscuidad con los muros.
Florecidos sentimientos de amor hacia mi madre.
Muros. Juegos con los muros.
Entre los muros.
La historia universal resuelta sobre un muro.
Sin libros.
La turbia locuacidad
de las paredes desnudísimas de mi
infancia. El incomprensible cariño
de los ecos mudos. Los antiecos.
Lucho no sale a jugar, está haciendo
sus tareas. Frente a la casa de Angélica
ni preguntar. Y yo jugando vanamente
con una pelota de jebe
contra los muros. Botes.
Todas las cosas lejanas y cercanas.
Todas las cosas entreveradas
simultáneamente.
Arena. Espinas. Altorrelieves.
Todas las cosas imantadas allí.
Caras. Olores. Nubes.
Todas las cosas delicadas allí.
Tiernamente adheridas. Labios.

En tiempo real


En tiempo real (Lima: PTYX, 2007)
ISBN: 9786034509009

“esta breve novela escrita en tiempo real, cómo no, de un sólo disparo, de una sola frase casi, por un tal juvenal agüero, migrante poeta peruano de prepucio carmesí y maestro en literaturas décimononas, y, subrayo, por un tal yo, esta breve novela no vela pues el ensayo, teoría y práctica a un tiempo en escritura, que desde los hermanitos schlegel — não vamos a dizer agora de campos — fuera el sueño más temprano del romanticismo temprano, del Frühromantik, esto es, de casi toda la literatura (moderna), pero que hoy por hoy, de la mano grácil, joven, de agüero, conoce otra vuelta, otra rosa en prosa y otro ver en verso, otra vuelta sin vuelta, enredándose tal aguayo digital en lima, agüero, y ¡arriba agüero!, lo saluda esta frase que, como esa otra novela teórica que es el psicoanálisis, se va de tesis, plaza y desemplaza, romanticismo tan terminable como interminable fuera, como la ciudadanía dada, “nacional”, aún en poesía (peruana), aun en poesía en prosa. En cualquier caso, para decirlo tal vez ya en otra lengua: entre porotos granados y porotos con riendas, páseme esta frase decía mi abuela cocinando en samaypata, y en santiago, de chuco, de cierto, pedro, no me pierdo — tengo para mí que a ustedes, queridos lectores, acaso les sucederá lo mismo”. Andrés Ajens

martes, 9 de febrero de 2010

Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo


ISBN 9972-42-629-7

En las palabras de Alicia Borinsky: Es un libro que busca precisión sin dogmatismos, claridad sin simplificaciones; Pedro Granados elabora lecturas iluminantes de Vallejo, desde su poesía más transparente hasta aquélla de lenguaje más enigmático. Con sensibilidad y oficio de poeta, Granados propone una visión y una trayectoria a la vez analítica e intuitiva. El Vallejo de su ensayo es persuasivo sin volverse superficialmente coherente.


Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

El «charco» (v. 16) es la imagen por excelencia de este poema y de esta parte del poemario, con sus análogos pozo, de «empozara» (v. 4); «zanja(s)» (v. 5); «caída(s) honda(s)» (v. 9); «puerta del horno» (en cuanto al contorno, sobre todo si pensamos en un horno rústico o tradicional andino) (v. 12). De esta manera, pues, y tal como nos lo ilustra el diccionario, «charco» es una unidad léxica cuya ‘agua u otro líquido’ semánticamente implica los conceptos de detenimiento y cavidad ‘de la tierra o del piso’ (Diccionario de la Lengua Española). Es decir, aquellos conceptos están opuestos de modo correlativo al movimiento circular de las aguas en el mar, y a la verticalidad de las aguas de la lluvia; dinámicas ambas fundamentales, sobre todo la del mar, en el caso de Trilce. Y, también, conceptos opuestos al movimiento dialéctico que informan, en general, los poemas de París, fruto de la última etapa en la creación poética de César Vallejo(1).

En «Los heraldos negros» asimismo está ya implícita su inversión semántica, «Los heraldos blancos», sobre todo si reparamos en la palabra «resaca» (v. 3)(2), que nos revela lo transitorio de todo el estado mental o afectivo que se refleja en aquel poema y primera parte del libro de 1918. En realidad, «Los heraldos negros» nos instala de una vez en la fenomenología de lo cíclico o de la repetición, ilustrado por antonomasia por el movimiento de las ondas marinas; es decir, el mar de «la resaca» [«de todo lo sufrido»] y el de la ola que llega a la orilla, aunque opuestos, son complementarios, uno y el mismo.
A partir de esta explicación es fundamental también reparar que este poema es liminar no sólo estructuralmente, sino también semánticamente al instalarnos en el ámbito de una «orilla», frente a un umbral o entrada al mar. El último poema de Los heraldos negros, «Espergesia» de «Canciones del hogar», semejante en su contenido metafísico o religioso al poema que nos ocupa —«Yo nací un día que Dios estuvo enfermo» (vv. 1-2, 6-7, 13-14, 19-20, 35-36), en aquel, «Golpes como del odio de Dios» (v. 2) en este—, también aparece vinculado a una escenografía marina: «luyidos vientos» (v. 25). Mas, veremos luego, esta estructuración circular del poemario en relación al elemento marino estará mucho mejor definida en Trilce donde, por ejemplo, su primer y último verso guardan una muy estrecha relación: «Quién hace tanta bulla y ni deja/ Testar las islas que van quedando [atrás]» («Trilce I»); «Canta lluvia, en la costa aún sin mar» («Trilce LXXVII»). Sin embargo, y esto resulta muy significativo, el mar liminar que percibimos en ambos poemarios es muy diferente. El del poema «Los heraldos negros» nos conduce, con «la resaca de todo lo sufrido» (v. 3), hacia la profundidad marina, espacio interior y líquido cuya opacidad u oscuridad es el color —prácticamente en todo el poemario de 1918— concomitante al adolorido sentir del yo poético y, en este sentido, la palabra «resaca» aquí también es análoga a «charco». En cambio, «Trilce I» nos hace permanecer en la superficie de las aguas y pareciera hacernos partícipes de un viaje, básicamente gozoso y lleno de luz: «seis de la tarde/ DE LOS MAS SOBERBIOS BEMOLES» (vv. 12-13).

NOTAS
(1) Dialéctico sobre todo en cuanto a una síntesis entre «inclusión» y «circularidad», las poéticas vallejianas anteriores a España, aparta de mí este cáliz. Aunque en esta última etapa de la poesía de Vallejo pueda observarse, como luego veremos, un relieve particular de las teorías darwinianas (teoría de la evolución), mas fusionadas asimismo con un principio dialéctico implícito en la importancia que por la época cobra el marxismo en la obra del poeta. Al respecto, observa Antonio Melis: «en su marxismo [el de la poesía de Vallejo] se percibe un énfasis en el materialismo biológico, concebido como algo anterior, por supuesto no cronológicamente sino ontológicamente, al materialismo histórico» (1994: 242).
(2) ‘Movimiento en retroceso de las olas después que han llegado a la orilla’ (Diccionario de la Lengua Española).

De Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004)

Soledad impura



Pedro Granados, Soledad impura (Lima: Edición del autor, 2009)
ISBN: 978-9972-33-987-5

Algunos comentarios:

Paradójica y sabia poesía la de Pedro Granados. Desbordante de energía afirmativa en su dicción sobria, coloquial y filosa como el cuchillo de un carnicero taoísta. Ella sirve de refugio a un furioso, temible y tierno animal -ávido de eternidad en tránsito-, que olfatea y palpa el cuerpo erógeno donde confluyen la temible desnudez de la mujer, el neón seductor de la noche y la retracción desafiante de la página en blanco. Voz del desierto en la ciudad y el hueso. Palabra de una soledad y de un exilio que al decirse, crean el espacio de un posible encuentro. Poesía del acoso y de la pérdida, del apetito de altura y del fluir del mar.... La escritura de Granados intenta crear un "nosotros" en el peregrinar iniciático y en el desasimiento. Con desengañada dureza en ciertos versos cortantes, el sujeto nómada nos permite asomarnos a una geografía poética personalizada, que extrañamente logra transmitirnos un hechizo: las aproximaciones inverosímiles, los amorosos abrazos disyuntivos y el doloroso arte de vivir cayendo... Con Granados la poesía toca, ataca, explora la textura hiriente de las cosas, y descubre -como un Ulises que no llega nunca a Itaca porque el único asentamiento es el viaje-, que una posible y frágil salvación tan sólo nos aguarda en el goce fluyente del poema encarnado.
Armando Almánzar-Botello (República Dominicana)


Hay cierto minimalismo formal en la poesía de Pedro Granados, cuyo trabajo he venido a conocer sólo recientemente. Ello, sin embargo, no equivale a una reducción de la capacidad expresiva ni de la complejidad de su visión. Al contrario: el verso corto, la pausa constante ponen un énfasis particular en cada una de sus ideas. Estas parecen desenredarse progresivamente, como si buscaran ir más allá de lo dicho anteriormente.
He encontrado, también, algo ausente en mucha de la poesía reciente: un arriesgarse por el sentido, un sentido que no se esconde detrás de metáforas vagas. Me ha agradado en particular el tratamiento de las historias familiares, el peso simbólico o real del Perú y su pasado, y las reflexiones sobre la escritura poética, un tema presente en la mayoría de los poemas.
Alfredo Alonso Estenoz (Cuba)


Soledad impura es la ola de la tormenta perfecta que está por tumbarnos en su aparente quietud, pero que contrariamente nos mantiene maniatados en la zozobra: la de nuestra memoria, la de nuestra experiencia amorosa y la de nuestra vagancia trascendental por el mundo.
Juan Carlos Ramiro Quiroga, "Soledad impura entre pulp fiction y la gripe A" (fragmento) (Bolivia)


La voz poética es consciente de que la vida es una narración, es consciente de esa tensión entre muerte y lenguaje, entre vida y lenguaje. La vida es escritura y lectura, es un libro.
Jessica Freudenthal, “Pedro Granados, Apántropo” (fragmento)(Bolivia)

Puntualidad de lo cotidiano y abrigo de lo siempre presente, la poética de Pedro Granados es como una doble conjunción de espacio y tiempo. En ella, el mundo se despliega como un mapa de las emociones, pero, a la vez, como el esfuerzo por la conquista del lenguaje "otro". Geografía de la pasión e inserción de ésta en la geografía material de los objetos que de alguna manera nos pueblan.
Gustavo Ruiz Pascacio (México)

Pedro Granados, nacido en Lima en 1955, es uno de los poetas más prolíficos y cosmopolitas de su generación. Desde que publicara en 1978 su primer poemario, Sin motivo aparente, no ha dejado de producir guiado por una ética de la justicia y una vocación innata por explorar las entrañas de la palabra. Soledad impura es su más reciente aventura literaria y el décimo libro de poesía que publica. Se trata, una vez más, de constatar la realidad mediante la inasible palabra. Nombrar las cosas y el acontecer es aquí otorgarles unas alas que llevan más allá de lo tangible.
Julio Heredia (Perú)

Dividido en cuatro partes, el libro transita el encuentro inevitable con la muerte –principio y fin del ser-, la presencia del amor como constatación de la vida, el viaje hacia uno mismo y hacia el mundo, así como el regreso a la poesía como único hogar del poeta, como auténtica patria de la que nunca se fue. Y, además de la que nunca podrá irse.
No hay nada político en lo que dice, pero todo es político. Como los herméticos italianos se vale de la poesía para denunciar, pero se asienta más allá de lo panfletario, en la esencia de la poesía.
Juan Carlos de la Fuente Umetsu (Perú)

"Se escribe el poema para encontrar el alma y no a la inversa"
He leido Soledad impura para encontrarme sin buscarme, hermano. Entré en él como se entra a la vida, al agua y al amor (desnudo). Seguiré nadando en él, adentro para, a través de él y no con él, mirar el día en toda su cromática. Es la soledad impura más pura que conozco, quizás porque no pretende serlo química, matemáticamente ni todo lo contrario. Es el poema nadando a pecho suelto en lo profundo del charco, a todo pulmón. Gracias por tan valioso obsequio, que desde ya es uno de mis compañeros de viaje.
René Rodriguez Soriano (República Dominicana)