martes, 10 de diciembre de 2013
martes, 27 de agosto de 2013
A propósito de Autismo comprometido/ Carlos Quenaya
Conocí
a Pedro Granados en el 2009. Había publicado yo un librito con 25
poemas breves que, a petición mía, Pedro acompañó con un comentario para
la contratapa. Pero eso fue en el 2008, lo que quiere decir que, luego
de nuestro intercambio virtual, pasó un año para que Pedro se animara a
viajar a Arequipa y presentar su más reciente poemario por esa época, Soledad impura.
En Arequipa fue, entonces, donde conversé con Pedro por primera vez. Yo
le había seguido el rastro, naturalmente, desde tiempo atrás, pero en
cierta forma ya había estado hablando de poesía con él mucho antes de
encontrarnos en Arequipa.
Lo primero que leí de Pedro Granados fue un ensayo: José Watanabe y las trampas de la fe,
probablemente en el 2007. El ensayo, que encontré en Internet, causó
una gran impresión en mí. Aprecié desde el inicio la audacia, el humor,
la agudeza en la observación, la prosa que era algo más que una prosa
correcta o adornada. Esto motivó que sistemáticamente buscara más
ensayos de Pedro. Entre ellos, Los poetas vivos y más vivos del Perú,
donde el autor ensaya una lectura personalísima, sensible y aguda de la
poesía peruana del siglo XX. En esa ocasión hice acopio de todos los
textos ensayísticos de Granados que circulaban en la red y, ya impresos,
los comenté con amigos, con el afán de compartir el descubrimiento de
quien es, sin duda, uno de los dos o tres mejores lectores de poesía en
el Perú.
Ahora
se comprenderán mejor las razones que me animaron a escribirle y
pedirle un comentario para mi primer poemario. La amistad y el
intercambio virtual afianzaron mi percepción de Pedro, quien por ese
tiempo comenzó a llevar un blog donde iría colgando las cosas que ya
circulaban en la red y las que iban saliendo de su mano. En su blog
encontré reseñas, nuevos ensayos, selección de poemas, comentarios de
todo tipo que han sido y son, en buena cuenta, los que impulsaron y
afirmaron algunas ideas que, sobre poesía, he venido cultivando. Lo que
supone que el libro que hoy presentamos tiene un lugar especial no solo
en la bibliografía de Pedro, sino en mi búsqueda personal. Serían, por
lo tanto, cinco o más años de escritura que, difundiéndose en su mayoría
de manera virtual, se reúnen en Autismo comprometido: sobre poesía peruana reciente.
Tal como Pedro apunta en el prólogo:
…este
libro es una selección de lo que hemos ido publicando sobre poesía
peruana en estos últimos años; y, quizá resulta ocioso puntualizarlo,
una auto-reflexión ante el lector de los presupuestos teóricos,
metodológicos y valorativos que hemos ido dejando al paso y compás de
nuestra labor crítica. No son nuestros textos propuestas de cara a la
eternidad (lo peor que nos podría ocurrir sería ganarnos un Nobel por
ello); sino que llevan en sí mismos, como hemos leído en algún otro
lugar: “el perfume de lo precario y el temblor de lo pasajero”.
Casuales, por lo tanto, como sinónimo de efímeros y, sobre todo
quisiéramos sea también así, como equivalente a vivos. (p. 10)
La
crítica de Pedro se sostiene, tal vez, en una actitud de sospecha
permanente. Sus ensayos son, de diferentes maneras, un intento por poner
en cuestión lo dado. Hay, diríamos, una vocación que lo mueve a poner
en duda la autoridad de las opiniones más o menos comunes, de las ideas
ya de antemano envasadas para su consumo. Sus ensayos no solo ponen en
juego el texto que tienen en frente, sino que, inevitablemente, ponen en
movimiento una comprensión particular sobre la poesía. La lectura de
Pedro no se reduce a la exégesis académica, ni intenta complacer al
estudiante de literatura con una argumentación en apariencia neutral y
rigurosa. Y creo que aquí es donde uno distingue el peculiar aporte de
Pedro a la poesía: el haber fraguado, con el paso de los años, una
singular visión de ella, una comprensión que no excluye para nada una
comprensión de la vida, sino que, por el contrario, la supone y la
integra. No son textos “literarios” los que produce Pedro, si con el
adjetivo designáramos cierta especialización algo anticuada o
escolástica. Sus textos pretenden, creo yo, proponer un gesto que
desafíe el lugar común, pero no por romántico o gratuitamente
iconoclasta, sino, esencialmente, para defender la autonomía de criterio
y la libertad de la imaginación y, también, en otro nivel, como una
defensa lúcida del sentido del humor.
Esto,
claro, le da un importante giro de apertura al autismo del libro. No es
el suyo un ensimismamiento que obstruyera el diálogo. Pedro sabe que
los textos existen para ponernos a hablar de ellos, no para figurar en
agendas de cara a la eternidad. Pero hablar o promover el diálogo que de
verdad interesa, solo es posible si ganamos un poco de libertad para
nosotros. Así, estos ensayos no le temen al encuentro con la diferencia o el desacuerdo, más bien, parecen provocarla, o aspiran de manera decidida a ello.
Estas
son, pues, algunas ideas que se me vienen a la mente luego de repasar
los ensayos recogidos en este libro. Es un libro por el que siento una
particular gratitud; escrito, quizá, para demostrar que todavía es
posible leer con placer y pensar con emoción.
Carlos Quenaya (Arequipa, 1984). Poeta, filósofo y docente universitario peruano.
sábado, 20 de julio de 2013
Presentación del libro AUTISMO COMPROMETIDO: SOBRE POESÍA PERUANA RECIENTE de Pedro Granados
El
Centro Cultural Inca Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores
presentará el libro "Autismo comprometido: sobre poesía peruana
reciente", de Pedro Granados. Comentarán el libro Fernando Carvallo y Eduardo Quenaya. La cita es el viernes 2 de agosto a las 7 pm. en Jr. Ucayali 391, Centro Histórico de Lima. Ingreso libre.
El
libro es parte de un proyecto más ambicioso: “Autismo comprometido:
sobre poesía latinoamericana reciente”, donde se ensaya una crítica de
tono y formato menor. De carácter postautónomo en tanto sus textos son
transdisciplinarios o híbridos. Y donde se intenta indagar, en este caso
particular, los microsistemas de poder u opinión que subyacen en la
lectura de la tradición poética peruana. Por lo tanto, se leen poemas y
también poetas; así como escenarios o lugares de enunciación. Pensando
en la estudiosa y, no menos, en el muchacho al que le gusta la
literatura, pero nos dice que lo malo es que hay que leer. En el libro
se revisa la poesía de Vallejo, Eielson, Sologuren, Cisneros, Watanabe,
Fernández, Coral, Susti, Mendizábal, entre otros.
Pedro Granados es
Ph.D (Hispanic Language and Literatures) por Boston University, Master
of Arts por Brown University y bachiller en Lingüística y Literatura por
la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado artículos
especializados en las revistas Lexis, Variaciones Borges o Anales
Galdosianos, y el libro Vallejo sin fronteras (2010). Forma parte del
cuerpo docente de la Maestría en Literatura Hispanoamericana de la PUCP,
y es actualmente profesor visitante en la Universidade Federal de
Integração Latino-Americana (Brasil).
Para más detalles comunicarse al correo electrónico centrocultural@ rree.gob.pe, teléfono 204 2658 o visita nuestra página web: www.ccincagarcilaso.gob. pe
martes, 11 de junio de 2013
Autismo comprometido: sobre poesía peruana reciente (Reseña)/ CARLOS EDUARDO QUENAYA
Hemos
recibido –con vivo apetito y curiosidad– los ensayos, reseñas y notas
que, sobre poesía, Pedro Granados ha venido publicando en la Internet y
que han sido –son– fundamentalmente una invitación para discutir, para
agitar lo de sobra conocido y, muy a menudo, también para ponernos sobre
la pista de un poeta, un poema, una imagen, una idea que nos acompaña y
que resulta, a la larga, una especie de ventana para mirar y escuchar y
retornar más ventilados y ligeros; mejor dispuestos, tal vez, a la
poesía.
Allí donde la crítica se vuelve monocorde, astuta o ensimismada en su cómoda cháchara, la poesía simplemente pasa de largo. El autismo de este libro viene de la mano, felizmente, de una transparente hondura, de sutiles e iluminadores hallazgos y, sobre todo, de una alegre sabiduría que se transmite con la anuencia y complicidad del lector.
Carlos Eduardo Quenaya (Arequipa – Perú, 1984). Poeta y filósofo.
domingo, 26 de mayo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
Autismo comprometido: sobre poesía peruana reciente
El presente volumen hace parte
de un proyecto más grande: “Autismo comprometido: sobre poesía latinoamericana
reciente”. Donde se ensaya una crítica de tono y formato menor.
De carácter postautónomo en tanto sus textos son transdisciplinarios o
híbridos. Y donde se intenta indagar, en
este caso particular, los microsistemas
de poder u opinión que subyacen en la lectura de la tradición poética peruana. Por lo tanto, se leen poemas y también poetas;
así como escenarios o lugares de enunciación.
Pensando en la estudiosa y, no menos, en el muchacho al que le gusta la literatura,
pero nos dice que lo malo es que hay que leer.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Las memorias apócrifas de Juvenal Agüero
Los recuerdos más fuertes, sean del tópico que sean, desbordan
lo que se llama el corazón y el espíritu y terminan palpitando en
la genitalidad.
Prepucio carmesí, p. 36
lo que se llama el corazón y el espíritu y terminan palpitando en
la genitalidad.
Prepucio carmesí, p. 36
Hasta la fecha contamos solo con reseñas y comentarios al vuelo de lo que ya, a todas luces, es una obra. No es ahora el momento para subsanar ese vacío, sino para llamar la atención sobre él e intentar explicar, tal vez, la dificultad que entraña leer a Pedro Granados. En tanto poeta, nuestra autor tiene publicados 12 poemarios, algunos de ellos con el subtítulo de antología o, como en el caso del más reciente –Poemas en hucha–, como una feliz refundición de textos anteriores. En tanto crítico contamos con dos libros sobre Vallejo y un sin número de ensayos publicados en revistas físicas y electrónicas.
No solo la amplitud, sino también el galopante ritmo con que viene publicando, nos coloca frente a una obra que se expande y se ofrece al lector como un proliferante collage, un desbordante pastiche que ha ido construyendo una personal imagen del mundo. La de Granados no es una literatura que nazca de un proyecto, de una voluntad de coherencia que ordene sus libros como un conjunto perfecto y acabado en sí mismo. No hay, creemos, un diseño deliberadamente trazado en la obra de Granados.
Por el contrario, uno diría que leer un ensayo de crítica literaria firmado por Pedro Granados es otra forma de leer a Juvenal Agüero –protagonista de las novelas que presentamos–, y, a su vez, leer a Juvenal Agüero es otra manera de leer la poesía del poeta Pedro Granados, quien le atribuye libros y poemas suyos al personaje. No está claro dónde empieza o dónde acaba el crítico, el poeta, el profesor o el blogger. La identidad de uno se diluye en la del otro. Una poética del palimpsesto, una identidad líquida –se nos ocurre– podrían, quizá, dar cuenta del signo de la propuesta artística de Granados.
Un texto sobreponiéndose al otro, una novela sobre otra: así también lo indican las sucesivas ediciones y las obvias o discretas intertextualidades de sus libros. En cada poema, reseña o episodio protagonizado por Juvenal Agüero leemos a Granados hablando de sí mismo y de otro, escribiendo su autobiografía apócrifa, como dice Juvenal en Prepucio Carmesí, donde uno ya no sabe, finalmente, quién es el personaje y quién es el autor, porque los límites de la biografía y la ficción no sólo no son claros –hace mucho que no lo son– sino porque no hay biografía que no sea apócrifa y que, por ello mismo, sea también una singular forma de conocimiento.
Algo le debe Pedro Granados a Luis Hernández y a Vallejo y a Martín Adán. Las genealogías, sin embargo, son aburridas si uno forma con ellas una pila de nombres que no sirven para pensar o ver lo que uno tiene en frente. Y lo que hay aquí, en todo caso, son estas 5 novelas–y que pronto serán 6 ó 7– que uno no debiera estar forzado a leer en orden. No por horror al sistema, sino porque el disfrute mayor acaso se encuentre en coger los pasajes en el que el lector va cayendo, un poco sin preverlo:
Sin embargo, poco a poco, llegó a dominar lo esencial del fulbito que es el ritmo y la confianza propia, y la alegría. Es más, hacia sus dieciocho años jugaba literalmente a voluntad; arrancaba desde su propio arco si quería, y después de sembrar sobre el asfalto a todos sus adversarios –incluido al siempre improvisado arquero-, hundía la pelota en la red rival. Amasada la bola, cimbreante sus muslos, el esférico pendulaba a gusto entre sus pies ligeros; conoció algunos instantes de éxtasis y de gloria, pero nunca entendió lo que era un juego de competencia. Se concentraba en los amistosos, pero en los partidos serios se cagaba de risa. Era una risa incontenible; algunas veces, flojas las piernas, chuecas de tanto reírse, tenía que abandonar allí mismo el campo de juego. (p. 25)
Ritmo, confianza propia y alegría, conforman, pues, el arte del palimpsesto de la escritura de Granados. En Un chin de amor, encontramos algunas de las otras claves de su escritura:
En Vallejo, en su poesía, un gesto es más elocuente que mil palabras; aquí reside el misterio de su honda antipoesía: crear cosas, situaciones, emociones con las palabras, jamás hacer un fetiche de estas últimas. Y es por este motivo que el poeta peruano es tan diferente al resto, su poesía no está hecha de palabras; más bien, digamos que se vale de éstas para empezar una tarea de tipo harto manual: radicalmente espiritual y corporal. Es más, César Vallejo ha hecho ascender el alma a los genitales y, viceversa, descender los genitales al alma. El espíritu (el Verbo) habita ahora en la pinga y en la chocha. Es quizá animado por esta santa paradoja que Juvenal Agüero se animó a escribir y publicar Prepucio carmesí, su primera novela de humor místico.
Con el alma en los genitales, con la pelota rebotando entre sus pies ligeros, estas novelas, escritas a modo de retazos, de tejidos incompletos que nos conducen por los avatares y zozobras de un personaje que, en las últimas entregas –Una ola rompe y Boston Angels– se va diluyendo en diálogos, entrevistas, viñetas, poemas y recuerdos de amigos o amores frecuentados en otro tiempo.
He venido llamando novelas a este proyecto, probablemente por comodidad. El mismo título del volumen parece remarcarlo. Al terminar de leer el libro, sin embargo, el lector reparará en la equivocidad del género. ¿Son verdaderamente novelas las novelas de Granados? Tal vez les calce mejor aquello de memorias apócrifas. Así, uno podría entresacar los pasajes en que nos enteramos de Manoli, Yaella, Germán o Anna, de aquellos otros en los que el autor expresa sus opiniones sobre el arte poético y la institucionalidad literaria. Cito un párrafo:
La poesía es una voz y, no, las palabras de un texto. Pero para que se constituya y sobreviva aquélla son necesarios unos enormes cojones u ovarios, básicamente, porque estamos hablando de la vida y, para nada, de la literatura. Al menos, si identificamos ésta a una letra, a una didáctica, a una tradición y, mucho menos, a un canon… ramillete prestigioso en la prensa dominical local o del mundo entero. Y para que sobreviva esa voz es necesario no hacer poesía u olvidarse de lo que este género para los entendidos sea. Y entregarse no al cógito de las ideas o las agendas de lo teórico o lo políticamente correcto o incorrecto… esto es muy fácil y aburrido; ni a las escisiones de lo simbólico, incluido el yo, que es como lidiar con la pepa de palta de mi desayuno reciente; ni con lo risibles o pedantes que pueden ser los sentimientos trágicos y, en general, todas las emociones si las planteamos como un oscuro o definitivo callejón sin salidas. Poesía no es dignidad; al menos, la de sentido frecuente. Ni brinda prestigio alguno. ¿Y quién la certifica? Sin proponerse ser antiacadémica, se ahoga en la academia. Huye de los foros políticos en lo que se ha tornado la mayéutica de la curiosidad y del saber. Lástima para los adolescentes, apenas sintoniza con la iPod. Pero continúa encontrándose a sus anchas entre las vidas de los pobres del mundo; pobres, a secas, pero no cojudos del orbe entero.
Líneas como las de arriba, pasajes enteros en las novelas son, en el fondo, artes poéticas, manifiestos personales de un poeta, sí, pero al mismo tiempo apuestas por el gesto libre e individual. Sujetos como estamos a los convencionalismos, a las ideas prefabricadas, a los piropos de cartón, leer a Pedro Granados es una vuelta a la poesía y a la literatura que de veras nos interesa: aquella que se juega lo que es para ser una díscola y lúcida aventura personal.
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