martes, 28 de septiembre de 2010

Poesía para teatro


Poesía para teatro es el más reciente eslabón en la poética de Pedro Granados, un poeta limeño que se caracteriza por su independencia literaria, su insatisfacción permanente, su rebeldía y misticismo poético. Clasificado a veces como un poeta enigmático, comparte con César Vallejo el uso de un vocabulario propio y muy singular. Su poesía es aparentemente sencilla, con un ritmo entrecortado y sobrio, que captura la atención del lector y pervierte la realidad que le circunda, escribe lo que él ve, con un lenguaje personalizado, directo, sincero, lo cual le ha granjeado enemistades en un país de grandes y auténticos poetas. Leer a Granados, y lo digo por experiencia, es un placer gradualmente creciente, sus poemas aparentemente sencillos, semejan obras de arte labradas con paciencia y oficio; creo que los versos de Granados promueven a la manera de Robert Frost, el individualismo y la inconformidad. Pedro Granados, como Frost, eligió el camino menos transitado y esto hizo la diferencia.

Edgar Artaud Jarry

México


Palabras en la presentación de Poesía para teatro (Cuernavaca, Morelos, México: La Cartonera, 2010) que se llevó a cabo en la Casa Spencer, de la ciudad de Cuernavaca, al medio día del 19 de septiembre.



¡Rompe Saraguey!


No creo en gelman

No creo en kozer

No creo en zurita

Menos en milán

Tampoco en otro garcía

Aunque sea montero.

El maquillaje

Los traiciona. La mirada

Los delata.

No son poetas. Jamás

Lo han sido. Su obra

Es un desperdicio del tiempo.

No sus mañas.

Políticos, funcionarios,

Árbitros y racioneros

De la imaginación

Por estos feudos.

Te descuidas y te endilgan

Alguno de sus halagos.

Y entonces,

Escapas de la caverna

De la opinión para figurar

En el entremés como telonero.

Voceadores profesionales

Demiurgos al centavo.

Preferible creer en la antipoesía

Pero no de don de Nicanor Parra.

Creo en Rafael Cadenas

Creo en Alejandra Pizarnik

En varios versos de Javier

Sologuren

Que hasta el día de hoy me acompañan.

jueves, 22 de julio de 2010

“Vallejo sin fronteras” nuevo título de Pedro Granados coeditado por EC Editores


Pedro Granados, Vallejo sin fronteras (Arcadia/ Espacio Cultura, 2010) 115 páginas. ISBN: 978-612-45733-1-6

Para nuestra editorial, resulta ser un verdadero privilegio que podamos cumplir el viejo anhelo de editar al poeta limeño Pedro Granados, gracias a su generosidad, hoy podemos coeditar, nuevamente con Arcadia, su última obra. “Vallejo sin fronteras” .

“Vallejo sin fronteras” explica y enfatiza, aquella radical condición de la obra lírica del célebre poeta peruano César Vallejo a través de estos ensayos escritos por Pedro Granados durante los últimos años, en paralelo a su constante quehacer creativo en la poesía y en la Cátedra Universitaria.

El presente volumen incluye ilustrativos textos como Mujer, fatal, compañera y madre en la poesía de César Vallejo; El Taller Literario César Vallejo en la República Dominicana; Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana; El diálogo Borges-Vallejo: un silencio elocuente; Compromiso y magia en la poesía de agitación política: El caso de Roque Dalton (y César Vallejo) y Trilce y Georgette.

Pedro Granados (Lima, 1955). Ph.D en Hispanic Languages and Literatures
por la Universidad de Boston, ha publicado el libro Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo Editorial PUCP, 2004) y (México: Universidad Autónoma de Puebla, 2004). Su obra crítica figura en revistas especializadas como Variaciones Borges, Espéculo, Lexis, y versa en lo fundamental sobre poesía hispana reciente.

miércoles, 21 de julio de 2010

LO PENúLTIMO


Pedro Granados, Lo penúltimo (Cambridge, Mass: ASALTOALCIELO, 2001) ISBN: 1-892620-09-X

Dos poemas españoles
I

Gaviotas y garzas
alrededor de las colinas.
Adelante, Córdoba.
El mismo desabotonado cielo
nos ausculta.
Vamos derecho (como una flecha)
a ninguna parte.
Vamos curvos (como un recuerdo)
a nosotros mismos:
A nuestro corazón.
Córdoba es una garra de gallo
sobre la pluma de la gallina:
Un aire amordazado.
Córdoba es su fuente de agua:
Unas rayas de tigre
debajo de esta fuente.

II
Amanecer en Madrid.
Amanecer en invierno.
Hay sopas:
De ajos.
Castellana.
Consomé de la casa.
Origen de las nuestras.
Los ojos de la señora
que atiende en la barra.
Origen de los ojos de todas
nuestras madres y de todas
nuestras mujeres.
Necesitar esos ojos.
Necesitar acariciarlos,
besarlos, copularlos.
Todo a un tiempo.
Queremos decir que estamos
en un amanecer en Madrid.
Pero la banalidad
no es lo nuestro. Sí,
las canciones.
Las canciones y esta luz
que se arroja lenta
desde el trampolín del cielo.
Ya me duele el alma
de tanto quererte.
Pero lo nuestro no es la banalidad.


Notas al Inca Garcilaso

Soy viejísimo.
Realmente lo soy.
Mi madre hablaba en quechua
con mi tía Raquel
a la hora del lonche.
Me encantaba verlas alegres
en un lenguaje que no entendía,
que jamás entendí.
Con mi tío Epifanio mi madre también hablaba en quechua,
y aunque él andaba lejos
--inmerso en el trajín de su prole numerosa--
cuando ella murió, musitó:
“ahora sí que nos quedamos realmente solos”.
El quechua es un idioma que nunca he entendido.
Pero que consideraba mío por derecho propio,
hablaban y cantaban con él mi madre y mi padre.
Cantaron alguna vez --ya muy mayores--
un hermoso yaraví que quebró de canto a canto
la pequeña vasija que era nuestra casa.
Mi padre y mi madre se amaron, pues, a su manera.
Y compartieron todavía --después de aquel inolvidable yaraví--
como unos veinte años más con nosotros.
Resulta increíble estar escribiendo
sobre estas cosas. Se nota que también
nos vamos a morir.
Y jamás habremos aprendido el quechua.
Aunque es la palabra íntima de nuestra madre,
y los ojos pequeños y desconcertados de nuestro padre,
y el fuelle oculto en el corazón
de nuestros queridísimos hermanos.
Lo único que sabemos es que en quechua
no se puede vivir. En este orden de cosas.
Comunicarte en esta lengua es literalmente suicidarte.
Te aprietan fuertísimo la garganta
y el corazón se te sale de una vez por los ojos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Cinco ensayos deseantes: de Cárcel de amor a la última poesía española


Pedro Granados, Cinco ensayos deseantes: de Cárcel de amor a la última poesía española (Lima: Autor-Editor, 2010)
ISBN: 978-612-00-0218-6


Prólogo

“Deseantes” describe con propiedad la naturaleza de estos cinco ensayos críticos del excelente poeta peruano Pedro Granados. Responden, como diría León Hebreo, a un esencial y trascendente erotismo, que proscribe la desidia y que abarca un concepto analógico del mundo. Mediante el análisis riguroso de una forma (un tropo, un tema, una obsesión), el profesor Pedro Granados da con el sentido, descubre y eleva al nivel de la aprehensión consciente los tonos armónicos más expresivos –tantas veces recónditos –y semánticamente centrales de los textos aquí considerados. Incluso en el ensayo final –tan personal, por tratar de la actual comunidad poética en lengua española, en la que destacan la fuerza, la justa ternura y la inteligencia clara de la poesía escrita por el autor de este libro– es manifiesta la capacidad “organizadora” de la mirada crítica granadina, pues desde dentro del bosque, nos describe sus parcelas grandes.

El primer ensayo –breve aperitivo, en realidad, de lo que será un generoso convivio– ya manifiesta el método señalado: a partir de un minucioso estudio formal, narratológico, del libro dolorido de Diego de San Pedro, llega Granados a elucidar la condición rezagada, ideológicamente, diríamos, de Cárcel de amor, que sacrifica el amor humano en aras –crueles aras– del amor divino.

Extenso, dilatado, rítmico, deja el mar con sus algas su voluntad escrita, propiedades del mismo texto de Granados sobre el mar en el gran poema gongorino, Poema de Polifemo y Galatea. Éste, con el otro extenso estudio del libro, que le sigue, me han deleitado con especial insistencia, dentro de la fina búsqueda venturosa que es Cinco ensayos deseantes. De hecho, el ensayo empieza con estas palabras para mí absolutamente caracterizadoras de la razón de ser del discurso crítico de Pedro Granados: “Iniciamos este trabajo con el placer […].” Mediante un complejo de posturas críticas tan variadas y sugerentes como son las de Bakhtin, Barthes y Dámaso Alonso, explora Granados la presencia temática, así como la impronta formal, la liquidez modulante, del mar en esa gran obra, señalando un mundo inestable, que vive sin sosiego, pero con la sorpresa a punto de estallar a cada instante.

Hemos mencionado el capítulo galdosiano, que sigue al gongorino, y he de confesar que, como estudioso que soy del arte de Galdós, es éste mi predilecto. Es, sencillamente, un estudio portentoso. En mi opinión, se trata de uno de los mejores que sobre el maestro canario se escribieran. Aventura de la imaginación crítica es el hallazgo de núcleos líricos en la prosa de un escritor realista, cuya facundia poética ha sido –con excepciones recientes– casi totalmente ignorada. Nadie antes, que yo sepa, ha analizado estas bellezas de la más alta expresión lírica, que en Galdós son, ni más ni menos, la flor de un árbol todo él poesía: este regalo se lo debemos a Granados. Ni qué decirse tiene que, si bien el ejercicio de la poesía puede enriquecer una mirada crítica, estas páginas críticas difícilmente habrían podido ser escritas por quien no contara con el oído y la sensibilidad del poeta. Por ejemplo, leemos: “De Maxi: El desamor. ‘Ya no me quieres –le dijo un día con inmensa tristeza–, ya tu corazón voló, como el pajarito a quien le dejan abierta la jaula. Ya no me quieres’. Un intensísimo pasaje en el que en realidad Maxi ya no reprocha el desamor (la infidelidad) de Fortunata, sino que esto se vuelve para él profunda certidumbre de otra cosa, de sí mismo.” Tras manifestar la estructura versal de estas palabras, expone Granados: “A la exquisita contención y sobriedad del poema que enuncia el motivo en tiempo presente (‘Ya no me quieres’) y la contundencia de lo irrecuperable en un llano tiempo pasado (‘ya tu corazón voló’), se aúnan las aliteraciones del consonante /J/ en el encabalgamiento (‘pajarito’, ‘dejan’, ‘jaula’, de los versos 3, 4 y 5, respectivamente) para ofrecernos una estructura musical como de llanto seco.”

A este estudio esencialmente poético, le siguen los dos últimos también sobre poesía: la de la generación del 27 y la actual. Aprovechando las categorías de Gastón Bachelard, estudia Granados a Guillén como “aereo” y a Cernuda como “terrestre” y “fogoso”. Y así topamos con este delicioso –por travieso, por finalmente exacto– oxímoron: “Con estos antecedentes, creemos que podemos leer la décima ‘Beato sillón’ como la experiencia de un vuelo.” La tierra ensombrecida cernudiana lleva a Granados a estas consecuentes caracterizaciones de ambos poetas: “son estas coordenadas de la sombra en la poesía de Cernuda la verdadera piedra de escándalo y justificación de toda su obra. Estamos en las antípodas de Guillen, ante un inconforme radical. Poeta pagano. Poeta de lo ignoto, a diferencia de la actitud omnisciente de Guillén. Poeta del yo roto y del mundo roto, en contraste con el yo integrado y henchido de fe de Guillén.” Exactamente.

Granados cierra este libro de mirada inquieta y certera con una visión de su propio mundo, es decir, de la poesía hispánica de la cual forma parte con su propia voz. Este ensayo personal destaca finalmente dentro del panorama de la poesía española actual a tres poetas: Ángela Valley, Jesús Aguayo y Antonio Moreno Figueras como voces que, entre modas que Granados cuestiona, como la llamada “poesía de la experiencia”, persisten, según sus palabras, dichas en una pregunta con clara respuesta, en “ensayar una voz personal en medio de tanto espejismo de mercado.” Cierra, pues este libro con una apelación a la honestidad, a la limpieza de acción e intención, libro éste donde se manifiesta el placer del pensamiento, la alegría de la creación, nutrido de conocimiento y rara sensibilidad. Enhorabuena.

Alan E. Smith
Boston University

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domingo, 14 de febrero de 2010

Breve teatro para leer: poesía dominicana (1980-2010)


Pedro Granados, Breve teatro para leer: poesía dominicana (1980-2010) (Lima: Autor-Editor, 2010) ISBN: 978-612-00-0195-0

La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del Caribe”, frase de Alexis Gómez-Rosa (1950), nos dio pie y sirvió de marco para, en un trabajo anterior, reflexionar sobre la obra de algunos de los poetas dominicanos de las últimas promociones. Nos referimos a la antología “Poesía dominicana en tiempo real: el que fuera secreto mejor guardado del caribe” [http://blog.pucp.edu.pe/item/57890] de la que, el presente ensayo, es su revisión íntegra y puesta al día. De modo muy significativo, respecto precisamente a este último autor, en el espectro de las poéticas que en este mismo comienzo de milenio, a manera de hojaldres, se yuxtaponen y conviven en la República Dominicana (“poesía del pensar”, del espectáculo, del autismo, del neo-testimonio o del performance), quizá lo más apropiado en su caso sería hacerle corresponder la del espectáculo; aquella capacidad, tan suya y que será heredada sobre todo por los poetas del 90, de apropiarse de todo y de experimentar exitosamente con todo ello (haiku, “británico modo”, poesía concreta, palimpsesto, etc.) que le perdonamos, y no menos nos encandilamos, incluso a expensas de saber que sus versos son los atributos de un consumado actor. Por lo tanto, vamos entendiendo que el título actual (Breve teatro para leer: poesía dominicana, 1980-2010) le agradece de nuevo a Gómez-Rosa, aunque esta vez más elíptica, su activa participación. Teatro, aclarémoslo, en cuanto la literatura tiene no sólo de impostación o simulacro; sino además, y obviamente, de dialéctica social o debate estético-ideológico.

sábado, 13 de febrero de 2010

Desde el más allá


Pedro Granados, Desde el más allá (Lima: ediciones corza frágil, 2002)
ISBN: 9972-9462-0-7

I
La lluvia toda la noche ha tocado nuestra ventana
y nuestra puerta.
Hemos estado literalmente desnudos
bajo la lluvia.
Sin ideas. Sin proyectos. Sin reales
preocupaciones.
Como si fuéramos un pedazo de cemento, nada más,
debajo de la lluvia. Un ojo de piedra
que asoma entre el cemento.
La lluvia toda la noche nos ha velado
y como en un sueño oriental nos ha dicho:
Huyamos. Pero no sabemos dónde.


DOMINICANÍSIMOS

UNO
El sudor
le gana al poema.
La alcantarilla
a mi voz.
Una irregularidad, apenas.
Un terrón de azúcar desconcertado
ante tantísimo eco.
Así el niño que vende,
y la muchacha que compro
ni con palabras
ni con besos.
Poesía de cara a la desconcertante
habilidad de unas serranas
de uñas multicolores
y engominados labios.
El sudor
puede más que la sed.
Porque aquél es secreto y el anhelo
sólo puede mover montañas.
Poco a poco
corto trocitos
que añado a mi licuadora.
A la noche de Santo Domingo
es preciso palanquearla con un fierro
antes de asirla y cortarla bien.
Noche densa y aceitosa que resbala
--como por un embudo--
hacia las nalgas de mi ocasional muchacha.
Muchísimo más negras que su propia cara.

DOS

Una muchacha negra
va uniendo los cabos
de lo desconocido.
En veinte uñas
--y conectado a ella—
yo más bien soy su instrumento.
Una bocina por donde escapa
un nudo de ruidos
monocordes y muy antiguos.

El fuego que no es el sol


Pedro Granados, El fuego que no es el sol (Lima: Ediciones de los lunes, 1993)

Pedro Granados es un hombre solo a quien la ternura y el amor por el Perú han inmunizado de las pedanterías del posmodernismo. Esto porque, a pesar de ser un autsider, el poeta y su poesía, lo repito, nos cuenta de inmensas ternuras, del amor pleno y evidente a sus hermanos, a este país de soledades, de amargas maravillas y, por lo tanto, de inevitables compromisos. El fuego que no es el sol es un libro de poemas para leerlo en voz alta y en voz baja. Esa es otra de sus virtudes. El hombre solo que lo escribió nunca estuvo solo, finalmente. Con este ejemplo, el posmodernismo puede irse de paseo, preocupadísimo y muy bien pagado.
Luis La Hoz


[Cada vez me parezco más a mi hermano Germán]
Cada vez me parezco más a mi hermano Germán.
Huaco mochica, cabeza jíbara, ojos de lagarto.
Cierta timidez esencial nos iguala,
cierta desenfocada imagen que se lleva el viento.
El transita ahora por la economía informal
y siempre fue el más indio de la familia;
yo estoy ligado a una gran institución extranjera
y siempre fui como el marqués de la familia.
Nos unen muchos rasgos comunes,
sobre todo en el abatimiento:
una suerte de aprehensión en el rostro,
cierta manera de lucir los dientes --los suyos postizos--
como pato dentado
(un palmípedo volador
que comía ostras).
Así es mi hermano,
así soy yo,
bueno con los dientes
para encontrar la última carnecita --la escondida--
en ese rincón de sobrevivientes
que es el Perú.
De su bondad --de la de mi hermano--
mejor no hablo.
Aunque se parece a la del anticucho,
puro corazón atravesado.

[Empezar a acariciar la página]
Empezar a acariciar la página
y empezar a merecerlo todo.
El tiempo como un gato manso
y cariñoso,
esta lluvia --que es el amor-- casi impalpable
y tan real,
un recuerdo agradable
del Perú,
una maquisapa --que fue un gran amor--
enroscada nuevamente a estas palabras,
a esta mano de venas protuberantes
y esquivas.
Empezar a acariciar la página,
poner hacia el lodo las piedras filudas,
hacia la tierra blanda.
Empezar, en fin, a cederle a la página
lo que ni siquiera ya soñamos
ni tampoco esperamos.
Es ella la que espera,
es ella la que sueña.